Junto
con revisar los balances de
los 250 mayores bancos de
América Latina, accionar que AméricaEconomía Intelligence
realiza año a año, el equipo especializado de AméricaEconomía
efectúa tests de resistencia y liquidez para escoger
a los 25 mejores bancos de la región, un
ejercicio que en esta oportunidad arroja al brasileño
Banco Itaú como el más grande de la
región.
Este
resultado lo obtuvo AméricaEconomía Intelligence siguiendo la metodología CAMEL, un referente internacional que analiza
las instituciones financieras a partir de su adecuación del Capital o patrimonio, calidad de los Activos, Management o capacidad gerencial, utilidades (earnings
en inglés) y Liquidez.
Además, la
metodología de selección de
los mejores bancos también premia el volumen de activos que éstos deben gestionar
(de hecho, los 50 bancos
más grandes de América Latina tienen un retorno sobre activos o ROA
menor que el de los 50
bancos más pequeños o que el
del promedio de los 250 mayores bancos, detalle que usted ya podrá observar en un sitio especializado que
pronto estrenaremos).
El
banco Itaú de Brasil pasa por primera
vez al primer lugar de este ránking.
Su capacidad para generar un crecimiento
sin precedentes en sus activos, patrimonio
y depósitos, mejorando a la
vez los indicadores que conforman
la metodología CAMEL, lo llevaron al primer lugar este año. Destrona así los seis años de reinado de la filial chilena del Santander, el Santander
Santiago, la joya de la corona del grupo de bancos de origen español, pues ha sido sistemáticamente la institución que muestra los mejores
resultados. Pese a su caída en
sus indicadores de rentabilidad,
el chileno sigue siendo el banco más eficiente de
América Latina.
Y
es que al mirar los bancos hay que mirarlos de manera completa. Especialmente en
los tiempos actuales en que en cualquier momento al entorno global de bajo crecimiento
se puede sumar el impacto de la quiebra de alguna gran institución europea (banco o país), lo que podría generar un shock en
el sistema financiero de
todo el mundo.
En 2008, cuando la quiebra
del banco de inversiones
Lehman Brothers generó una corrida bancaria general a
la que los gobiernos tuvieron que poner dinero para evitar nuevas quiebras, los bancos latinoamericanos sufrieron el impacto. En el año terminado en junio de 2009, los bancos de esta
región vieron disminuir sus activos en -0,65%, luego de haber tenido dos años con tasas
de crecimiento en torno al
40% anual. El contagio llegó
por distintos canales: restricciones
en líneas de financiamiento,
disminución de la actividad económica e incremento del
riesgo.
Afortunadamente,
las grandes economías latinoamericanas venían de un extenso período de expansión
económica y en el
que habían primado políticas fiscales
conservadoras, lo que permitió
a las autoridades contar con
recursos adecuados para poner
el financiamiento donde escaseaba y empujar políticas fiscales contracíclicas. Esto es: bajar la
tasa de interés,
incrementar el gasto fiscal y promover el crédito a través de sus bancos estatales
y de desarrollo.
Eso permitió que la contracción
de los activos bancarios de la región en 2009 sólo durara un año. En cambio, después de la
burbuja de internet, en
2000, la contracción duró cuatro años
¿Qué sucederá si explota
una nueva crisis financiera? “Esta nueva crisis global nos encuentra en un momento en
que América Latina no está totalmente preparada”, dice
la economista peruana
Liliana Rojas-Suárez, quien
preside el Comité Latinoamericano
de Asuntos Financieros
(CLAAF, por sus siglas en inglés)
y es senior fellow del think tank
Centro de Desarrollo Global, ambos con sede en Washington. “Gran parte de la
sanidad fiscal se ha gastado en
contrarrestar los efectos de la crisis
anterior y ésta nos encuentra
sin muchas herramientas para maniobrar”.
Para
el brasileño
Ernani Torres, consultor en finanzas
y hasta hace poco director de investigación
económica del Banco Nacional de Desarrollo
Económico y Social (BNDES), es errado pensar que la crisis originada por Lehman y que hoy
continúa en el mercado global no afectó a Latinoamérica. “La afectó y la seguirá afectando,
sólo hay que mirar la fusión de Itaú-Unibanco, una fusión que no hubiera ocurrido sin la
crisis”, dice. Para Brasil,
de lejos la
principal plaza bancaria de América Latina, fue fundamental un acuerdo estratégico que se dio en la industria
y que fue poco conocido por la opinión pública. “En diciembre de 2008 el
gobierno, el banco central
y el BNDES armaron un comité de crisis y encerraron literalmente en un cuarto a todos los jugadores bancarios
y empresarios que estaban con los bolsillos
llenos de derivados y les dijeron: el que se quiere ir, salga ahora, los que se quedan, cierren los ojos
y prepárense a seguir el plan que vamos a llevar adelante.
Según él, fue gracias a la capacidad de cambio y adaptación aprendida durante décadas de inestabilidad
política y económica local que, en forma intuitiva,
todo el sector financiero decidió cerrar los ojos y seguir la receta del gobierno
para solucionar la caja
negra de los derivados. “EE.UU.
fue un elefante lento y
torpe que llevó la crisis al Congreso, devaluó sus activos y transformó la crisis
económica en política”, dice
Torres. “Nosotros en cambio
pudimos resolverla con unidad en
apenas 90 días y eso se
nota ahora”. Uno de los
resultados de ese acuerdo fue un fuerte
incremento de los préstamos,
sin ponerse muy exquisitos a la hora de evaluar
los antecedentes familiares de quienes
los solicitaban.
Ahora Brasil está en la vereda opuesta:
reduciendo el apalancamiento y tratando de hacer
ajustes que eviten el sobrecalentamiento de la economía. “Hoy estamos recortando
nuestro aporte para el fondeo de esos préstamos para evitar una burbuja”, dice Marcelo Nascimento,
analista sénior de research del
BNDES.
Éste reconoció como
realista el informe de
S&P que en junio pasado detalló que “el BNDES, que hasta 2010 ha sido un
impulsor clave de políticas fiscales contracíclicas y del crecimiento del crédito, ha
desacelerado el ritmo de los
desembolsos de manera significativa en 2011”. De hecho, según S&P, el
índice de crédito directo y de segundo piso [créditos
originados por otros bancos pero financiados por el BNDES] creció solamente 0,3% en abril y 2,5% en lo que va
del año.
No
obstante, para muchos observadores, ya es tarde. “Brasil no cuenta con el margen fiscal para
promover políticas expansivas ni para realizar reducciones de tasas de interés”, dice Rojas-Suárez, desde Washington.
Colombia sería un país en situación
similar, pues ha incrementado sus
déficits fiscales en los últimos años. México, Chile, Perú y Panamá, en cambio, han generado espacios
para recuperar la capacidad de acción que tuvieron a partir de 2008. Pero si el escenario global no incluye un shock
mayor los bancos y las economías latinoamericanas
podrían seguir respirando tranquilos. ¿Se repetirán estos buenos resultados durante los dos semestres que vienen? Por
ahora, la
respuesta está fuera de sus
propias fronteras.
http://www.americaeconomia.com/negocios-industrias/conozca-los-25-bancos-mas-grandes-de-latinoamerica